Testimonio de Angel y Claudia en su Primer Maraton

Nuestro primer e inolvidable Maratón.

Cuando con Claudia, mi amada esposa, comenzamos a practicar este deporte, a fines del 2006, y luego de participar en nuestra primera carrera, que fue los 10K de Adidas en abril del 2007, nunca se nos pasó por la mente que llegaríamos a correr un Maratón, la madre de todas las carreras.
En mi caso, jamás fui deportista, ni en el colegio, ni el liceo ni mucho menos en la Universidad. Claudia, por el contrario, siempre le gustó el deporte y practicaba atletismo en la Universidad.
Después de esos primeros 10K, con el tiempo, el trotar se fue haciendo parte necesaria de nuestras vidas. Salíamos a correr, ni siquiera podríamos llamar entrenamiento, en el parque Americo Vespucio, y un sábado cualquiera de algún mes del 2008, mientras trotábamos de vuelta por el parque, vimos un gran grupo de personas que venía corriendo en sentido contrario. Eran parte de un grupo de running de Adidas, consultamos en la carpa que en esa época tenían en Vespucio con Vitacura, y así nos integramos a dicho grupo, del cual nació la gran familia de los Vespucio Runners Team.
Desde ese tiempo muchas carreras han pasado, y en algún momento decidimos que el 2010, el año del bicentenario, correríamos un maratón.
A mediados del 2009 nos pusimos las pilas y decidimos prepararnos seriamente. Nuestros amigos corredores nos habían contado lo duro de hacer un Maratón y los riesgos en salud y lesiones que uno se expone en una carrera de esta naturaleza si no está bien entrenado. Y pese a haber seguido al pie de la letra las recomendaciones del médico y nutricionista que consultamos cuando decidimos embarcarnos en esta prueba, y un plan de entrenamiento que el profe Matías nos adaptó de un plan de los Santiago Runners, los nervios empezaron a manifestarse 2 semanas antes del Maratón. Un fuerte resfrío nos atacó días antes de la carrera haciendo imposible terminar el plan de entrenamiento, aún así no queríamos echar pie atrás y fuese como fuese queríamos ser parte azul de la bandera. Confiábamos en que los 4 meses y medio previos de entrenamiento, dedicación, esfuerzo y cuidados rindieran frutos.
Y así llenos de dudas y motivación llegamos al día D. La semana previa consumimos verdura y proteínas el lunes, martes y miércoles para cumplir con la descarga de carbohidratos, y el jueves, viernes y sábado nos atiborramos de fideos, arroz, papas, frutas, para llegar al domingo con los depósitos de combustible al tope.
La noche del sábado dormimos poco y a saltos. A las 4:30 del domingo ya estábamos desayunando, luego una ducha y a vestirse, ya no quedaba nada. Nos fuimos en el bus con nuestros amigos de VRT. Llevabamos los powergel necesarios (sagradamente uno cada 10Km) y sobres de sal de mesa para el caso de que aparecieran los temidos calambres. Calentamos poco, se nos vino encima la hora de encajonar y por esas cosas de la vida quedamos a lado de la estrella que se ve en las fotos panorámicas.
Nuestro objetivo de carrera era simple. Teníamos dos planes: hacer menos de 4 horas y si no, llegar a como diera lugar sin importar el tiempo.
Pasada la 8:00 suena el cañonazo, y en medio del gentío y con la adrenalina a mil, partimos esta odisea. Para cumplir con nuestro primer objetivo debíamos mantener un promedio de 5:42 por km. Pasando por Beaucheff nos encontramos con un amigo de Villa Alemana, Cesar Vasquez, con quien nos fuimos conversando la mitad de la carrera.
Los primeros 5K los hicimos a 5:25, sin problemas, total estábamos recién empezando. A cada rato yo avisaba a Claudia y Cesar cuando nos entusiasmábamos y apurábamos el tranco, la recomendación era no agotarnos tempranamente. Sagradamente nos hidratábamos en cada puesto, al menos 2 vasos de Gatorade.
Casi sin darnos cuenta, llegamos al Km 10, en muy buenas condiciones, las pulsaciones estaban controladas y dentro de los esperado, no molestaba ningún músculo, ni espalda, nada, todo perfecto. Ni parecido al 2008 cuando corrí 21 Km y a esa altura ya iba muerto. Recuerden que el 2009 me lesioné de la espalda y me quedé con todas las ganas de participar en los 21K Adidas de ese año.
Al pasar por el punto donde se separan los corredores de 21Km y los de 42 Km, Claudia sintió como si pasara de curso, pues ahora seguía con los grandes. En mi caso, se me hizo un nudo en la garganta al pensar en lo que venía por delante.
Seguimos los tres, al ritmo deseado todo el trayecto por Grecia, luego Vespucio hasta llegar a Bilbao, en el Km 19. Emocionante sentir el apoyo de tantos desconocidos que nos animaban y motivaban a seguir corriendo.
Se nos vino Bilbao y acá tenemos que separar nuestro relato, pues empezaron mis problemas.
Relato de Claudia: Yo iba unos mts adelante y no noté que mi marido se quedaba atrás, al rato, casi al llegar a Padre Hurtado, Cesar me cuenta que Angel le indicó que prefirió bajar el ritmo y que yo siguiera no más. Muy a mi pesar y con sentimiento de culpa, pues nuestro deseo era llegar juntos, seguí adelante manteniendo el ritmo. Mi gran sorpresa fue encontrar en Manquehue con Colón a mis hijas con mi mamá y un gran cartel gritando para animarme, eso me dio más energías, por lo que los temidos pasos bajo nivel no me fueron difíciles. Pese a eso, en el Km 27 bajé mi ritmo y le dije a Cesar que siguiera adelante.
Pasado el km 27 comienzan a darme calambres en los dedos del pie derecho, que incluso pensé que se me había enrollado el calcetín, y al sacarme la zapatilla no tenía nada, así que seguí corriendo recordando que los sobres de sal se habían quedado con Angel.
Muy por el contrario de lo que yo pensaba, la bajada fue lo que me cansó más. Y ya en el Km 37 sentí el “muro” (agotamiento), y empecé a sentir que lo único que quería era llegar para poder dejar de correr. Afortunadamente Nicolás Muhlenbrock apareció de la nada y gentilmente se ofreció a acompañarme de ahí en adelante. Me fue animando y motivando al público a vitorearme por el esfuerzo.
Al acercarme a la meta con un intento de pique final, empiezo a escuchar el himno nacional, lo que hizo más emotiva mi llegada, pasadas 3 horas, 56 minutos y algunos segundos. Fue lindo ver a mis compañeros de VRT que esperaban a los que iban llegando, así que me sumé al grupo a la espera de mi marido.
Lo que más me quedó grabado de esta experiencia, fue el apoyo que sentí de mi familia, mi marido, mis amigos de VRT y tanta gente desconocida que apoyaba en el recorrido. Ya quiero correr otra vez estos 42K en el 2011.

Relato de Angel: En Bilbao, noté el “efecto de la subida” en mis piernas, se puso difícil la cosa. Pero estaba preparado para eso y más, así que sólo bajé un poco el ritmo pensando en aguantar la subida y recuperar en el resto del trayecto. Le dije a Cesar que siguiera y avisara a Claudia que se había alejado un poco. Gran amigo este Cesar, una excelente persona y un gran corredor.
Para lo que no estaba preparado fue para lo que vino después. A la altura del Country Club me empezaron a molestar mis caderas, en el lugar donde imagino se une la pierna con la cadera respectiva. Raro, no lo había sentido antes, pensé que se pasaría, pero en pocos momentos las molestias se transformaron en un fuerte dolor y me vi obligado a bajar más aúnel ritmo de carrera. Un compañero de trabajo (Luis Mellado) que ha corrido varias maratones, apareció a mi lado, andaba en bicicleta apoyando a los conocidos y llevaba agua, Gatorade, plátanos, en fin, sólo le faltaba el pisco sour heladito pa completar el menú. Me acompañó durante unos minutos animándome, hablándome, distrayéndome. La verdad a esa altura pensé muchas cosas, el dolor ya era insoportable a cada golpe de las zapatillas contra el suelo. Empecé a desesperarme, no sabía por qué me dolía tanto, en los entrenamientos de 30K y 32Km que hicimos nunca me pasó algo parecido, y recién iba en el Km 21, ¡faltaba la mitad de la carrera!
¡Los meses de entrenamiento, el esfuerzo, la dedicación puesta para mejorar, las ganas de llegar a la meta junto a Claudia por primera vez y cruzarla de la mano de mi esposa!, el apoyo de ella y mis hijas, todo se estaba yendo al tarro de la basura. Sentí rabia, angustia, pena y, no sé si producto del esfuerzo, el dolor o que se yo, me puse a llorar de impotencia, cual “niñita” como dirían mis colegas de oficina. Le indiqué a Luis que iba ir más despacio aún y que siguiera adelante a apoyar a otros amigos de la pega.
Como sea, entre muchas sensaciones difíciles de explicar, seguí trotando, ya no era correr. No podía aflojar, pese a todo ahora me doy cuenta que en ningún momento pensé en abandonar y retirarme, simplemente pasé al Plan B: Terminar el Maraton a como diera lugar y sin importar el tiempo. El insufrible y maldito dolor no lo podía bloquear, a duras penas estaba llegando a la altura del Jumbo cuando diviso adelante a Nelson Silva. Como pude lo alcancé y nos fuimos juntos unos buenos Km. ¡Grande Nelson, hermano! me daba ánimos aún cuando me tincaba que estaba igual o peor que yo.
Como imaginarán los siguientes 20Km fueron un suplicio, bajé el ritmo a 6:40, 6:50, incluso tengo registros de 7:20 por Km en algunos tramos.
Para peor, en Padre Hurtado mi vejiga reclamó y por primera vez en una carrera tuve que hacer un alto para una escala técnica. Nelson me esperó en P. Hurtado con Alonso de Camargo y continuamos la aventura. Llegamos a la Rotonda Atenas y sin saber cómo ya estábamos en Colón. A lo lejos diviso a mi Suegrita, y sé que mis niñas estarán con ella, le comento a Nelson y él se retrasa. Trato de enderezarme un poco y empiezo a apurar para que ellas se sientan orgullosas de su padre y no vean que voy apenas. Pasando el Colegio San Juan Evangelista veo a Silvana que con un cartel grita entusiasmada, la emoción me vence y se me nublan los ojos. Constanza me saca una foto y se pone a correr por la vereda unos mts por Manquehue. Después de esta inyección de ánimo sabía que tenía que lograrlo.
Nelson se queda atrás y de ahí en adelante sigo sólo, avanzando entre corredores que caminan, o paran acalambrados y otros que pasan veloces y enteros a mi lado. Yo ni calambres he sentido. Manquehue se hace eterno y pronto veo el arco que indica los 30K, pienso sólo quedan 12 Km. Ja! Craso error. La bajada por Escribá y Bicentenario fue penosa, lo único que evitaba que llorara era la vergüenza de que el público que vitoreaba a los corredores viera a un adulto en tal estado. En cada punto de hidratación ya no solo caminaba para tomar agua, gatorade, sino que agarraba las maravillosas esponjas con agua helada que inmediatamente me colocaba en las caderas de modo de disminuir los dolores.
En la rotonda Perez Zujovic veo al Oscar Chau y a Luis Riffo, qué alegría siento cuando me ofrecen una cantimplora de liquido, bebo un poco y sigo por Andrés Bello. A la altura de Santa Rosa de Las Condes, aparece detrás una ambulancia que pasa y se detiene un poco más allá. Alcanzo a ver como suben en una camilla a un corredor, tipo joven con pinta de atleta, me impresiona ver cómo, al igual que en las películas, uno de sus brazos cae y queda colgando al costado de la camilla. ¡puchas! Que queda para uno que es un principiante es esta prueba.
Las caderas continúan doliendo mucho, hace rato que ya pasó por mi lado la bicicleta que indica las 4 horas de llegada, pero no importa, a esa altura se que lo voy a lograr.
Los últimos Kms serán parte de los imborrables recuerdos de mi primer Maratón. Aprovecho los últimos puntos de hidratación. En Providencia veo a Gladys Adaros quien saluda a Margarita que va un poco más adelante, paso por su lado y la saludo pero no me escucha. A la altura de Portugal escucho que gritan mi nombre, un colega que corrió los 10Km me grita desde su auto animándome. De pronto veo a Claudia Moragrega y a Paulina con un cartel, les grito y sigo adelante. ¡¡¡ya de verdad no queda nada!!!! No puedo creerlo, paso por Santa Lucía y al fondo diviso el arco de entrada de los 42Km, como puedo me olvido de los dolores y apuro un poco. Entro al callejón final gritando como loco, escucho de lejos los gritos de la gente, no veo nada más que la meta y de pronto estoy ahí, y la cruzo, le quito una medalla a una dama que las estaba entregando y me la coloco al cuello. ¡Lo Logré, pude hacerlo!! Y en 4 horas 16 minutos, quien lo diría. Veo a Claudia junto a los amigos VRT y la abrazo y beso emocionado. Ella es mi idola, cumplió su objetivo de llegar en menos de 4 horas en su primer maratón.
¿Y los malditos dolores? A la media hora habían desaparecido totalmente, no tenía ninguna molestia, ni calambres, ni contracturas, nada. Muy raro, tendré que investigar que cresta me pasó para que no me vuelva a suceder el próximo año cuando vuelva a correr el Maraton de Santiago Adidas 2011.
Agradezco a todos los Vespucio Runners que esperaron a la llegada y que apoyaron en el recorrido, para mi es ellos son la extensión natural de la familia que te apoya y anima en momentos importantes como lo fue correr por primera vez un Maraton.

Un abrazo a todos.

Angel Escobar y Claudia Cordova

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