Un Gran Dia

Difícil describir lo que vivimos el domingo 5:
El día deportivo con participación masiva más importante que haya tenido nuestro país en su historia. Los recuentos indican que fuimos casi 25 mil los corredores que llenamos las calles con esfuerzo y mucha alegría.
Vi gente de todas las edades, muchos que venían de regiones y de otros países a correr aquí. Los vi contentos, solidarios, amables y educados; había familias completas disfrutando.
Que diferencia con lo que pasa en otros deportes como en el que participan sólo 22 jugadores y otros miles se dedican a agredirse mientras van destruyendo estadios, autos y casas. Acá en cambio nos abrazábamos dándonos ánimo para lo que venía y nos abrazábamos al llegar por haberlo conseguido. No rayamos nada, no rompimos nada, ni siquiera peleamos a puñetazos (seguramente por eso la “prensa deportiva” apenas se refirió a la jornada).
Ya el sábado en la entrega de números se notaba eficiencia. La Estación Mapocho con su abolengo, un lugar muy bien escogido, de fácil acceso, bonito, muy bien arreglado y con una logística que superaba en mucho a las mejores maratones del mundo. No había filas y los participantes podían circular con toda comodidad por el recinto visitando los stands o comiendo algo en las cafeterías.

El domingo partió muy temprano y las diferentes largadas se dieron con precisión británica y en perfecto orden empezamos a correr. Los puestos de hidratación impecables, con muchos voluntarios y variedad de líquidos. Ya en los primeros kilómetros podíamos ver gente que aplaudía el paso de los competidores, algo inédito hasta hace muy poco tiempo cuando a lo más que un corredor podía aspirar era a un garabato de los automovilistas. Se veían letreros en los edificios y las casas apoyando a los amigos, al papá o la mamá, banderas chilenas, peruanas, argentinas, brasileras y de otros países en fraternal camaradería unidas por esta fiesta del running.

El recorrido estaba lleno de sorpresas, como bandas de música interpretando canciones como “We are the Champions” o “I cant get no Satisfaction”, las que nos daban ánimo y generaban emoción en todos competidores. Vi corredores disfrazados, ancianos y niños, runners de nuevos clubes que no conocía. Vi gente caída por la fatiga a la orilla de la calle, pero a diferencia de lo que me ha tocado en otras latitudes, estos estaban acompañados de otros corredores que se detenían para ayudar hasta que llegaran los paramédicos de la organización sin importar en nada cuantos minutos le estaban sumando a sus registros. En la Plaza Italia, cuando quedaba los metros más duros, más música, líquidos y una pantalla gigante que mostraba a los que ya estaban llegando a la meta, extraordinario y motivador.
Para lo que no estaba preparado era para encontrarme con la calle Teatinos y también Morandé, al costado de La Moneda, convertida en el lugar de reposo de los corredores. Ahí estaban los puestos de primeros auxilios, hidratación, masajes, frutas, etc, todo en perfecto orden y bien dispuesto. Hace tan solo cinco años atrás eso habría generado la inmediata reacción de las Fuerzas Especiales de Carabineros y nos habrían tapado a gases lacrimógenos por tamaña osadía. Una demostración de aceptación por parte de la autoridad al implacable avance de los runners. Pido disculpas, pero no puedo dejar de destacar la tremenda influencia del Santiago Runners que fue el Club pionero del país en impulsar el desarrollo de nuestro deporte.
La ciudad se puso generosa por unas horas para ver pasar a miles de locos cuerdos que con su presencia les recodaba que todavía tenemos esperanzas de una calidad de vida mejor. Locos cuerdos que participan en familia, que no molestan, que no atacan, que son solidarios, que no se drogan, que son felices con algo tan simple como unas zapatillas y un sendero para correr.
Especialmente para nuestras familias que nos apoyaron desde la orilla, los organizadores, las empresas involucradas, las autoridades, Carabineros y los miles de voluntarios un agradecimiento enorme porque ustedes hicieron realidad lo imposible.
Para cada uno de quienes corrieron, a cada héroe y heroína, no importa a que distancia ni en que tiempo lo hicieron, desde esta columna los felicito por atreverse, por intentarlo y porque sé que después de cruzar una meta siempre habrá muchas más.

Sergio Mujica

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