Testimonio de amigos Runners Colombianos en Maraton Santiago 2008

CRÓNICAS MARATÓN DE SANTIAGO DE CHILE 2008

Por: Alexander Ospina opla20@hotmail.com
Ricardo Becerra arbecerra@contraloriagen.gov

“Cuando p`a Chile me voy, cruzando la cordillera, late el corazón contento, una Maratón chilena me espera…”
Ligera modificación de la Canción “Las Dos Puntas”, letra original de Osvaldo Rocha y Música de Carlos Ocampo, ha sido interpretada por célebres artistas como Maria Dolores Pradera y Los Chalchaleros
NOTA EDITORIAL:
Hace pocos días un par de colombianos miembros del Club Olimpus emprendieron un viaje a explorar las tierras de sur de nuestro continente Atlético, la expedición iba por un precioso tesoro, aquella primera maratón, que como el primer amor nunca se olvida.

Ricardo Becerra (izquierda, de bigote) y Alexander Ospina en el Maratón de Santiago de Chile 2008 (A. Ospina, 2008)

Alexander Ospina y Ricardo Becerra debutaron en Maratón en la de Santiago de Chile, realizada el domingo 6 de abril de 2008, la expedición trajo buenas noticias de la gran calidad del atletismo Chileno, sus gentes y paisajes, no por nada Ximena Restrepo, una de las atletas mas importantes de Colombia (Medalla de Bronce Olímpico en 400 m en Barcelona ´92) ya hace mucho tiempo echó raíces en Chile, donde vive con su esposo chileno y sus dos hijas). Especial agradecimiento a Nelson Nuñez y demás miembros de Vespucio Runners Team de Chile, club aliado del Club Olimpus por su gran hospitalidad con Alexander y Ricardo.
Enseguida las crónicas de este viaje, y algunas imágenes.

CRONICA 1
CHILE FUE LA PRIMERA, LA INOLVIDABLE :
Por Alfonso Ricardo Becerra arbecerra@contraloriagen.gov Bogotá, abril 9 de 2008


Como aquel amor que se conquista por primera vez. Como aquella princesa, que esta vez tuvo nombre de varón: Santiago. Un clima frío, como si nos hubiésemos mantenido en nuestra Bogotá, así era la temperatura del miércoles 1 de abril hacia las 4:30 a.m. en el Aeropuerto Arturo Merino Benítez de Santiago de Chile. La calidez de su pueblo, de su gente y de la carrera contrastó posteriormente con ese primer impacto.
Desde que junto con Alexander Ospina llegamos al apartamento de Nelson Núñez, nuestro anfitrión, recibimos todo el aprecio y disposición por una agradable y fácil estadía. Un rincón que sirvió de centro de la operación conquista de la Maratón primeriza. Un espacio en donde encontramos toda la acogida de un chileno cordial, generoso y afable. Una agradable conversación matutina ambientaron el entorno de la carrera y de todo lo que gira en torno a ella: el cariño del chileno por una Maratón de lujo, el orgullo por un país progresista, el olvido necesario de un pasado perturbado por una dictadura y por sobre todo un amor entrañable por los deportes.
El primer recorrido por la ciudad nos llevó al centro, a conocer el Palacio de Gobierno “La Moneda”, la Plaza de Armas, el Museo Chileno de Arte Precolombino, la Catedral de Santiago, el Palacio de Ariztia y Cámara de Diputados. Algo que se vuelve costumbre para el extranjero. La hora no nos permitió ir al cerro Santa Lucía, el cerro San Cristóbal y al Zoológico, sitios que se suman a una próxima visita. Debíamos prepararnos para descansar temprano, después de viajar casi toda la noche. El regreso fue por el Metro.
El jueves iniciamos el corto y tranquilo viaje a la costa chilena para conocer a Valparaíso y Viña del Mar. Una carretera en excelentes condiciones, un medio de transporte cómodo y una llegada a un terminal con promotores turísticos.
Optamos por un Tour. Lo hicimos en una Van acompañados de un grupo de suramericanos y un estadounidense que nos bromeó con Chávez. La Reñaca el sitio escogido para almorzar una deliciosa comida de mar. Luego la visita a la casa del poeta Pablo Neruda y por último el ascensor de madera mientras se aprecia el puerto con la zona de embarques. Pernoctamos en Viña del Mar esa noche. A la mañana siguiente quisimos trotar algunos kilómetros los que debimos realizar apresuradamente dado el frío de las 8:30 a.m.

En la Expo de la Maratón de Santiago, acompañados de nuestro anfitrión y amigo Nelson Nuñez. (R. Becerra, 2008)


Después de este rápido paseo, llegamos dispuestos a meternos de lleno en la carrera. El preámbulo no pudo ser mejor: el viernes en la noche fuimos los invitados especiales a una exquisita cena de pastas acompañada de unos vinos y una alegre compañía de Nelson y sus amigos del club. Percibimos en toda su expresión la espontaneidad del hombre chileno y la belleza de la mujer chilena. Después de pasada la media noche nos dispusimos a descansar. El sábado estuvo dedicado a recorrer algunos sitios en Santiago y a disponernos para el gran asalto.
Llegamos al domingo, al día señalado para la carrera esperada. La mañana estaba radiante, con una temperatura agradable, presagiaban un día caluroso, pero no pareciera que así fuera. María José, una chilenita encantadora nos recogió a Nelson y estos dos aventureros y juntos fuimos en búsqueda del bus contratado por el club. Hacia las 6:30 a.m. llegamos a los alrededores del Palacio de la Moneda, sitio escogido por la organización para iniciar la competencia. Nos encontramos con otro colombiano, bogotano y muy entusiasta. Luego iniciamos el calentamiento y estiramiento respectivo. A las 7:45 a.m. ya estábamos dispuestos en la punta del grupo a la espera de la señal de partida. A las 8:15 a.m. inició nuestra primera maratón y de paso nuestra primera carrera internacional representando a Colombia.
Aunque iniciamos con cautela, el ritmo de carrera se aceleró más de lo esperado. La razón, arrancamos junto con los corredores de media maratón. Alexander tomó el mando de la prueba. Su ritmo era bueno. Lo seguí por un trecho, pero a partir del kilómetro 6 la carretera se empezó a inclinar ligeramente. Iniciaba un falso plano que nos llevaría a ascender de 540 a 700 metros en el k. 22. El aliento de los espectadores y el grito de “Vamos Colombia” profundizaron el sabor de patria, gracias a una camiseta diseñada con su bandera e identificación adecuada. En el kilómetro 17 tuve una pequeña crisis que palié con una barra de proteína que el mismo Alexander me acostumbró a consumir durante las largas jornadas dominicales de entrenamiento en el Parque Simón Bolívar.
Al recuperarme había podido acelerar, pero quise esperar el sector plano, pero nuevamente hubo un repecho que culminó en el k. 30. Después de varios vítores por Colombia de muchos espectadores, llegó el esperado: un espectador que me pidió más entrega, ¡Que pasa, vamos colombiano!, recuerdo haber escuchado. A partir de allí es que realmente empieza la competencia se escucha entre los corredores de maratón e indudablemente así es. El gel proporcionado me dio un segundo aire, pues ya las piernas empezaban a pesar en demasía; además no veía a Alexander.
Al final del k. 35 logro llegarle y ello para mí era un alivio pues nos podríamos acompañar en el remate de la carrera. Nuevamente el vamos Colombia se hizo presente y ello me motiva, por lo que acelero y me siento bien. Me encuentro con el corredor de la camiseta de la Maratón de Belfast y se me convierte en reto superarlo. Empecé a correr con el corazón, con el coraje de sentirme representado a nuestro país. Esa actitud me ayudó, pero casi me entierra en el kilómetro 39, pero ya estando allí nadie, creo, se retira.
Luego el sabor al culminar, con los brazos extendidos, la mirada al cielo y el puño de alegría al cruzar la meta son instantes inolvidables, que quedarán allí en el recuerdo de la primera gran carrera de 42 kilómetros, 195 metros. ( Mi tiempo fue de 03:40:53)

El muro de las lamentaciones? (La medalla fué muy merecida pues al pasar la meta “se me fué la luz”). (R. Becerra, 2008)

El colofón es un tanto de angustia y de epopéyico. Después de unos minutos de haber pasado la meta me siento un poco mal. Me llevan al bus del club. Sigo un poco descompuesto. El resultado: dos chilenitas (María José y Cecilia Alvarez) me llevan para atención médica. Al final varios frascos de suero para aliviar una deshidratación. La preocupación de mis amigos, su solidaridad y acompañamiento en las siguientes horas entre el puesto de atención y el hospital fueron la nota sobresaliente; con ello, ¡la sacaron del estadio!; nunca olvidaré ese bello gesto, de verdad. Recuperado. Nada grave. Luego un delicioso almuerzo con nuestros amigos chilenos y a rememorar lo ocurrido.
El regreso, el que no se quiere realizar. Las despedidas con un hasta siempre Chile.

Hasta siempre Santiago querido. Chilenos del alma. Ya tienen un rincón en nuestro corazón y un siempre gracias por todo y en alguna parte del mundo nos reencontraremos.

Fuente: http://www.clubol.org/index.php?option=com_content&task=view&id=185&Itemid=1

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