Testimonio Nelson Silva 42K Costa del Pacifico

Nelson Silva a la izquierda del Grupo ,momentos antes de partir los 42K . (Minutos antes de subir al bus. 5:52 . Hotel O’higgins. 09 de diciembre)
Estoy en el Terminal de buses Santiago a minutos de abordar el bus con destino a Viña, son las 2:25 hrs. del día sábado y me pregunto que diablos estoy haciendo aquí, aún no estoy preparado, me lo han dicho corredores de verdad y yo estoy tratando de correr a lo grande…, por otro lado mis amigos de VRT me dicen que corra, que será una experiencia única, que no me apure, que lleve un ritmo moderado, lo importante es llegar …, que diablos el pasaje está comprado, el bus está al frente y la suerte está echada, ¡allá vamos!
Despierto en Viña son las 16:40 aprox., camino al Hotel O`Higgins al salón de entrega de poleras y número de corredor y al encuentro con los amigos. No faltó la talla por la mochila: ¡Te echaron de la casa! ja, ja, ja,…
Es de noche, matamos el tiempo viendo películas y tomándonos fotos, a dormir (23:30 hrs.), no alcance a darme cuenta y a eso de las 4:45 a.m., estábamos en pie, en la ducha, el desayuno camino al Hotel para tomar el bus que nos dejaría en la partida.
Durante el trayecto no dejaba de mirar por la ventana,…. ¿Cuando irá a parar? me preguntaba, si no es tanto y los nervios comenzaban a jugar en contra. Opte por dormir un rato, desperté cuando llegamos a una unas señales: ¡llegamos! Comente a Margarita, … falso… aún faltaban 21 kilómetros. ¡Para huev…! pensé y me asuste cuando me di cuenta de la distancia. Traté de pensar en cualquier cosa,… ¡no si estoy bien!, ¡estoy tranquilo y concentrado! ¡ja!…. mentira y Margarita estaba en iguales condiciones. Por fin llegamos y me vino un tremendo deseo de ir al baño, baje del bus, busque pero sólo dos baños y una larga fila, mientras corredores de verdad corrían para un lado y otro, piques, elongaciones, ¡si era un festival de movimientos!
Son las 07:30 hrs. Y en eso a lo lejos se escucha ¡10, 9, 8, 7, 6 5, 4, 3, 2, 1, 0!,…. Put… hue… mar… podrían haber esperado a que pasáramos al baño… se fueron y yo esperando el turno en esa eterna fila. Mi parner me custodiaba, ¡por favor comienza! le indique,… ¡no flaco te espero!,… ¡que te vayas!,….. ¡que te espero!, ¡que nos vamos juntos!.. por fin un baño libre y por primera vez siento que en la profundidad de mi agonía intestinal se iban todos mis miedos en un viaje sin retorno, mientras Margarita me indicaba que se iba despacio.
No se cuanto tiempo transcurrió, pero créanme que quise pensar que sólo eran segundos, cuando salí no había nadie, estaba sólo y podía divisar a lo lejos a nuestra amiga Margarita junto a otros dos corredores. A propósito de este percance, semanas antes le comenté a mis amigos que tuve un sueño: en él, partía último y sólo, que entraba a un lugar que no conocía mientras se largaba la partida y que al salir no encontraba a ningún corredor. Cosas extrañas pero el día de la corrida a eso de las 07:35 hrs., me quedaba claro cual era ese lugar y comenzaba a correr más rápido de lo planificado porque efectivamente partía sólo y todo por los nervios que a esa altura habían sido sepultados atrás.
Margarita, no muy lejos… tenía que alcanzarla… había una promesa “nos apoyaríamos toda la carrera” o por lo menos hasta estar cerca de la meta. Ya en el Kilómetro 2 ella me hacía gestos con la mano: ¡vamos!, ¡vamos!, por fin corríamos al mismo ritmo igual que en los entrenamientos. Preguntas y respuestas aparecían en mi mente: ¿Seré capaz?, ¡falto tiempo!, ¡llevo muy poco entrenamiento!, ¿será mucha vanidad?,… ¡Yo puedo! me respondía, tengo fortaleza, Que diablos la suerte estaba echada y sólo tenía que alcanzar la meta… Una de las cosas que me complicaba en los entrenamientos era hablar y correr, pero había que matar el tiempo, teníamos que ayudarnos , conversamos acerca de nuestras familias, los hijos, esposa, esposo, nuestros padres, toda la parentela, los amigos de VRT, Raúl y Nelson, de los demás compañeros de los 21K, de los 10K, del punto de encuentro, que ojala les vaya bien y sin darnos cuenta comenzamos a alcanzar al primer grupo y venía la tercera subida: ¡Ya Margarita, a darle con todo! Y los dejamos atrás, llegando al final de pendiente si bajar el ritmo, gritábamos los consejos de nuestros profesores: mirar la cabeza del que va adelante, alcanzarlo, pasarlo y no bajar el ritmo…lo teníamos clarito.
Nuestro tiempo promedio era de 5:10 por Kilómetro y llegábamos a los diez: ¡Nos faltan sólo 32!, vamos que podemos. A momentos nos envolvía el silencio, atrás nadie nos seguía. Divisamos otro grupo y apuramos el ritmo y en la siguiente subida los dejamos atrás. A medida que pasábamos al lado de los otros corredores, los alentábamos para que no bajaran el ánimo y siguieran corriendo. Cuando estuvimos en el kilómetro 15 dijimos que la subida que precedía era la más dura y que la íbamos a pasar bien y seguíamos pasando corredores. Cuando llegamos a la mitad de la distancia, uno de los encargados de controlar nos indica el tiempo que llevamos y le grito a Margarita que mi marca personal la había superado en casi 10 minutos, Hasta ahí íbamos muy bien, no sentíamos cansancio ni dolor y seguíamos con el mismo ritmo, nos dábamos ánimo, a ratos nos emocionábamos y se nos caían las lágrimas por cualquier recuerdo que de una u otra forma nos ayudaban a mantenernos firmes.
Tenía que bajar el ritmo o reventaría antes de la meta pero no podía fallarle a mi amiga Margarita, ella se veía bien, cómoda a ese ritmo. En el K25 Margarita exclama: ¡Por favor Diosito que no salga el Sol!, parece que el todopoderoso escuchaba sus plegarias, el clima nos acompañaba como nunca.
Ya en el K30 mi amiga pregunta en el puesto de hidratación si hay “Power Gel” la respuesta fue negativa, pero nosotros llevábamos nuestra reserva y absorbimos el famoso néctar de los Dioses. Se suponía que el efecto se sentiría casi de inmediato, pero al parecer mi metabolismo no lo asimilo positivamente y comenzaron los dolores de estómago otra vez. La mente iba muy bien pero lo físico comenzó a cobrar su precio. Ya en el Kilómetro 33 las rodillas comenzaron a molestarme, los dolores en los muslos y gemelos fueron más intensos, pero la cabeza mandaba. Mi parner no debía saberlo y le acompañaba a su ritmo en eso se me nublo la mente y perdí la coordinación de la respiración sin poder estabilizarla y Margarita comenzaba a alejarse rumbo a la meta, es el K35, la angustia por un lado de no poder continuar apoyándola en la carrera y la alegría de ver la fuerza y ganas que mostraba por querer alcanzar la meta. A esa distancia mis rodillas me hacían sentir que las piernas estaban al límite. Mi cabeza muy bien en ningún momento pensé en renunciar a la meta. Puntadas a la altura de los gemelos y muslos se repetían constantemente, ni hablar de los dolores de estomago, ¡aquí no! pensaba y mentalmente me relajaba, no podía permitir un calambre o todo quedaba allí. Se me viene a la mente mis amigos Claudio Gálvez y Sergio Zárate cuando me levantaban la autoestima y amor propio para alcanzar la cumbre. A un lado del camino un maratonista gritaba por los dolores producto de los calambres y un ciclista trataba de ayudarlo. Continuaba pasando corredores y Margarita continuaba firme a lo lejos, si me sentía orgulloso de ella, ¡vamos Margarita, la medalla es tuya!, creo que fue lo último que alcance a gritarle. Bajé el ritmo para evitar los calambres, miro el reloj y calculo la distancia llevaba un ritmo de 6 minutos por kilómetro, luego 7 minutos y me olvidé del reloj, a esa altura sólo quería ver a mis amigos y la meta, el dolor ya no importaba, era cuestión de orgullo. No lejos otros corredores acompañados en vehículos y nuevamente a mirar la cabeza, alcanzar y dejar atrás era la voz de Karen en mi mente. ¿Dónde está Oscar y el Nico?, Necesitaba apoyo en ese momento pero no me podía fallar, había una promesa…
La cabeza seguía bien, mis piernas ya no querían más pero ellas no mandaban, a lo lejos tres maratonistas, tenía que alcanzarlos y luego aventajarlos, tenía que llegar dentro de las 4 horas 20. Recordé los consejos de los profesores y amigos. “No te apures, no intentes seguir al que te pase” pero yo estaba empeñado en no dejar que me pasaran y cada vez que alguien se me acercaba apuraba el paso. En un momento siento una mano en mi espalda de alguien que me grita ¡queda poco!, ¡ahí esta la meta!, ¡ya llegaste!, ¡es mi primera! le respondo y me brotan las lágrimas mientras a lo lejos escucho mi nombre, no me había fallado, era la “Mirta” que me alentaba junto a mis compañeros. Nicolás se acerca corriendo y dice: ¡Ya llegaste!, ¡allá está la meta!, ¡sigue hasta el fondo!, ¡no pares queda muy poco!, ¡vas muy bien! y no se que más, y el griterío de los amigos: ¡Vamos Nelson! ¡Tú puedes! Y me pongo a llorar: por Javier Alondra y Janina, por todos y apuro el ritmo voy a pasar el primer arco y lo quiero pasar corriendo, escucho clarito a la Mirta: ¡Que no te pase!, un corredor me alcanza, pero, saque todas mis fuerzas y levante mis rodillas en cada paso y sentí que volaba, los dolores desaparecieron, miro el reloj oficial, el segundero marcaba 35, 36 ¡quiero que se detenga! 37 justo cruzo la meta… lo había logrado más allá de lo esperado, ¡si! eran cuatro horas siete minutos 37 segundos sin descontar el tiempo en que perdí al comienzo, que importaba, la meta estaba cumplida… no se cuantos metros más allá paré y Nicolás me abraza junto a Bárbara, me dan jugo, me lo tomo casi al seco, un plátano que casi me lo trago y no se que más paso, ya con más calma nos encontramos con Margarita , mi parner, el abrazo de “Don” Juan Carlos, de Nelson 1, Alejandro, Oscar, Paz, Raúl y de todos los demás.
Nunca olvidaré todo ese momento, fue casi eterno, fueron cuatro horas, pero en ese momento se resumió intensamente sólo un minuto….
Gracias a todos los runners que creyeron en mi, a los que me alentaron, a los consejos que siempre fueron buenos y por sobre todo “mis respetos y admiración” por aquellos desconocidos que fuimos dejando en el camino, que me dieron la oportunidad de sentirme más humilde….
Gracias, nos vemos en Abril….

Nelson Silva

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