Carrera: No puedo enamorarme de ti

Estimados amigas y amigos.

Para los que se están iniciando en el running y los que han tomado este gran deporte como estilo de vida, este reportaje explica la dependencia o “alimento básico-” del ser humano, que por cierto trae muchos beneficios tanto para la condición fisica como mental.
“Si me entrego totalmente y fracaso o me lesiono, caigo en la desilusión de cuán falsos fueron mis sueños, y quiero dejar de quererla pero no puedo”.

“Escucha una cosa que te voy a decir aunque te duela el alma como me duele a mí. Podría engañarte si se me diera el mentir, el caso es que no puedo enamorarme de ti…”

Así comienza Joaquín Sabina su canción, y así comienzo mi carrera. Escuchando la composición de Sabina me viene a la mente esa relación de amor y desamor que tan intensamente vivimos la carrera y yo. A veces tormentosa, a veces idílica, pero siempre intensa. Me hace sufrir, pero la vida es un sinsentido cuando me falta.Igual que canta Sabina, es un amor eterno, un amor imposible. Los corredores cedemos a sus encantos, como los insectos caen en las telas de araña, y ya no somos capaces de liberarnos.La carrera nos aporta pequeñas dosis diarias de bienestar, de frescura, de buena salud, de equilibrio, de cordura, incluso de felicidad, de libertad, de independencia, de antiestrés, de escape o de relax.

Pero no lo hace gratis, nos exige una dedicación mínima, un esfuerzo físico que a veces se hace doloroso. Cortejarla será una tarea prolongada que comenzará con el uso creativo del propio cuerpo, en el transcurso del cual se deberá explorar al cansancio con la misma atención que el placer y la satisfacción. Y se llegará a la cima cuando se haya ampliado la mente y el alma en esa medida.Los fisiólogos lo explican todo con las endorfinas que genera nuestro cuerpo al correr, que hace da los atletas “drogadependientes” de la carrera.

Para mí es mucho más, pero busco y no encuentro una explicación lógica y racional. Si me entrego totalmente y fracaso o me lesiono, caigo en la desilusión de cuán falsos fueron mis sueños, y quiero dejar de quererla pero no puedo. En pocos días estoy en celo de nuevo y empiezo renovado el cortejo. Vuelvo suplicando y pidiendo piedad.

Quiero correr de nuevo, quiero sentirme vivo y poderoso otra vez. Ella se deja y me seduce con sus encantos, pero sé que aunque me entregue por completo siempre me será infiel. Y también implacable y cruel.Antes o después comienza a ser necesario que nos sintamos importantes y tengamos la sensación de que lo que hacemos es importante. Nadie, ni el obrero, ni el funcionario, ni el ejecutivo, ni el intelectual, ni el ama de casa, ni la mujer que trabaja fuera, carecen de inmunidad ante esta crisis. Para ello hay que empezar desde el principio, con el cuerpo.
El cuerpo es el espejo tanto del alma, como de la mente, pero resulta mucho más accesible que cualquiera de estas dos. Y como dice el doctor Sheehan, “si se logra la pericia de escuchar el propio cuerpo, se llegará antes o después a oír la totalidad del propio ser, la persona única y compleja que somos cada uno de nosotros”. Qué mejor modo para lograrlo que poniéndose a correr.

La carrera nos permite descubrir realmente quiénes somos. Nos enseña que cualquier ser humano puede moverse con libertad y ligereza. Y nos convence de que nuestra vida tiene un significado.La carrera nos aporta un cúmulo de ventajas: físicas, psicológicas y también sociales. Cualquier persona, de cualquier clase social, de cualquier parte del mundo, puede correr. Por eso es el deporte más universal. También nos recuerda que tenemos que andar o correr. Si no lo hacemos, los músculos y los huesos se atrofian, lo que provoca enfermedades dolorosas y un envejecimiento prematuro. De ahí que correr no sea un deporte más, es el Deporte. Es el ejercicio básico para todos los demás y es necesario realizarlo durante toda la vida, no sólo durante la infancia y la pubertad.

Una vez enganchados, todos somos dependientes de la carrera. Esa relación inicial de desconfianza, que pronto se convierte en amistad, llega al momento culminante con los mejores resultados y las lesiones. Es el momento del amor y del odio. La relación se hace muy intensa y los corredores, a pesar de las continuas traiciones e infidelidades de la susodicha, somos incapaces de engañarla. Podemos llegar a odiarla con la misma facilidad que amarla, pero somos incapaces de prescindir de ella. No puedes enamorarte de ella, pues solo es una idea de la imaginación.En esos momentos más bajos, cuando la lesión te paraliza, le recuerdas. “Si quieres odiarme no me tengas piedad”, pero que sepas que no, que no puedo enamorarte de ti… ¡No!

AUTOR: Texto adaptado de Rodrigo Gavela.

FUENTE: Runner’s Word, Edición española, agosto 2003, número 18, pág. 40. Tomado de Fcmax

http://www.maracayrunners.com/paginas/articulos.htm

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